¿Qué buscan los hombres en una sola noche

¿Por qué hay una sola sombra larga y negra de los dos hombres? Están en el medio de la nada, están dirigidos a Tonaya. ... El padre ha maldecido al hijo después el padre dijo 'puede la sangre que te di pudra en los riñones.' El padre le dijo a su hijo que después se enferó de que Ignacio estaba paseando por las calles, viviendo por robo ... Los hombres buscan alguien “interesante” y eso no quiere decir que te conviertas en una enciclopedia ambulante o en una intelectual, sino que hagas lo que te gusta hacer, algo diferente, un hobbie que te apasione pero que sea algo que salga de lo común y de lo trivial. Las tres grandes razones por las cuales los hombres son infieles. Los hombres que están en una estable y cómoda relación, querrán engañar a sus parejas por tres razones distintas. #1 El hombre que quiere ser infiel, piensa que es muy bueno para la mujer con la que está (piensa que puede obtener a otra mujer mejor que la que tiene). Sin embargo, la naturaleza del humano lo lleva a eventualmente buscar establecerse en una relación seria; a algunos les pasa más rápido que a otros pero el hecho es que son pocos los hombres que deciden que no quieren una relación seria, al final de cuentas todos nos hemos visto al menos una vez teniendo una novia seria, presentársela a ... En esta encuesta, dichos hombres fueron considerados como más atractivos independientemente de su físico, y más tomados en cuenta por las mujeres para una relación duradera. Si bien existe evidencia psicológica de que los hombres “egoístas” y físicamente atractivos resultan parejas deseables para una sola noche. En ambos estudios los ... Embarazada a los 25 años, sin pareja y a más de 1.000 kilómetros de su familia: así se encontró de la noche a la mañana Lorena, autora del blog ‘Madre soltera por sorpresa’.Su historia y su lucha es la de las miles de madres solteras (en España una de cada diez familias es monoparental) que cada día luchan por sacar adelante no sólo a sus hijos, sino su propia vida personal y ... Los hombres de entre 40 y 50 años buscan una relación estable ... o viudo de 50 en adelante conoserlo para ver qué pasa ... que me balore me repete que seamo una sola persona que tengamo ... Lamentablemente, según un reciente estudio, mientras que el 80% de los hombres tienen sentimientos positivos la mañana después de una aventura de una sola noche, apenas el 54% de las mujeres ... Qué buscan los hombres en una mujer… julio 9, 2017 * Artículos Por: Verónica Los hombres, al igual que las mujeres, tienen la necesidad de emparejarse y muestran el deseo de encontrar una compañera de viaje o el comienzo de una relación sentimental. Puede ser una conducta normal o patólogica, lo claro es que existen ciertos objetos que potencian la pasión de los hombres. El sexólogo Magnus Hirschfeld, aseguró en 1920 que cuando existe uncontacto con una persona, existe un hechizo sexual o atracción parcial. Es decir, que cada persona se fija en señas particulares de la otra,…

Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

2020.04.26 06:04 DanteNathanael Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

Así termina el día: el reloj da la última hora sobre su circunferencia y reinicia, pero él, reflejado en el centro, lo único que puede ver es cuánto tiempo ha perdido.
Detrás del vidrio circular, vector mayor y menor del tiempo apuntan rectos hacía el opaco cielo. Desfigurados claustros posthervoreos avanzan lentamente en fila bajo la fría atmosfera de las ultimas suelas anuales de Leo. En las sonrisas de luna que logran aparecer de vez en cuando entre las grietas de la troposfera, se puede oler el petricor proveniente de la naciente Aura, cortesía de la recién bautizada Katia, vanidosa hija del vórtice tropical buscando la manera de tragarse en sus cabellos efluentes la luz del Sol, para escupirla fría, difuminada y obscura—Coyolxauhqui en el reino de Tonatiuh, imponiendo desde el ojo de su vientre atmosferas extranjeras con apocalipsis en mente, despertadores para los oxidados engranajes del mecanismo tectónico.
Debajo de todo, por fin arriba, él espera . . . no hay nada, ni tampoco ha llegado a su cuerpo. Cierra los ojos por pequeños lapsos que culminan en un esfuerzo por mantenerse despierto cambiando de posición, solamente para cerrarlos otra vez y hacerlo de nuevo. La noche cae en el horizonte lentamente, el invisible manto de estrellas moviéndose silenciosa mientras los sifones oculares, pupilas negro esterlino, llevan esa luz que hace posible verlos al reino de la inconsciencia, la promesa de vida progresivamente desvaneciéndose estrella a estrella, bulbo a bulbo, interruptor a interruptor. La cantidad de silencios a su alrededor crecen, los pasos del Sueño cada vez más audibles juntos con las campanitas llenas de almas chocando entre si paso a paso . . . el deseo de pertenecer a ellos aumenta, pero el brillo cuadrangular pide un poco mas de compañía. Y con un largo bostezo Somnolencia llega, y con ella . . .
. . . llega un bólido balido expulsado del interior de alguna casa vecina, atraído por la fina influencia de sus oídos. Refunfuña tal Caguamo, meneando la cabeza exhalando frustración en torrentes sincopados a las flautas tocadas por el viento entre árboles, edificios y telarañas de cobré y PVC. Deseando reanudar su ritual con ella, quién ya ha vuelto a la seguridad de las sombras, sin saber a estas alturas de su vida una manera constante de atraerla de nuevo cuando quisiera, y sin una vibración reciente en su mano, comienza a platicar con Caguamo, como ya es costumbre, que lo espera, con un poco de frío, en la base de la plegable escalera de aluminio que uso para subir a la azotea.
"¿Qué piensas de las ovejas, 'Wamo?"
"¡Aarf! Ggrarf, arf aarf raff . . . Raf."
"Claro, si son deliciosas, ¿pero alguna vez has visto una?—viva, no en carnitas, digo—no te parecen un tanto, no sé, ¿estúpidas? ¿inocentes?"
Caguamo levanta su rostro confundido, pequeños aglomerados de hielo hay en sus bigotes, hacia su dirección. No había comentado nada sobre su sabor . . . pero claro que lo amaba. El olor característico de un domingo, con todo y sus meteorológicos tintes religiosos, volviendo el aire más pesado, difractando la luz en un espectro más cálido, colores para algunos hogareño, que llenaría sus corazones de calor con tan solo recordarlos, pero para otros el más simple y doloroso indicador de su soledad. . . . Para nada. Caguamo compartía con su compatriota humano el dolor auditivo que era aquella nueva inquilina, con la furia propia de un chihuahua.
Dentro de las sombras, el panorama cae. Los antenados, cableados y apilados bloques negros del horizonte pronto y lejano, melenas construidas de borrosos aluzamientos y brillantes bocas poligonales adornando las caras de planas obscuridades, caen hacia arriba, inversa gravedad circadiana del profundo y fluido negro que ella ha derramado con un beso entre la superficie de sus ojos y el anverso de sus párpados. Al chocar con las magmoides nubes prekatianas liberan paquetes electromagnéticos atrapados en altas estacas de acero, vibrando al llegar a su celular, movimiento periódico que quizás no en fuerza, pero si en ritmo, es indistinguible del rebote asiento-trasero del puñado de pasajeros sentados en el metro. Todos, despiertos o no, recorren alabeadas e invisibles guías al destino de siempre . . . ¿Por qué habrían de dudarlo? En la ceguera impuesta por la subterraneidad (que dos días antes había celebrado su cuadragésimo octavo cumpleaños) las sensibilidades autogeolocalizadoras necesarias para notar que efectivamente, así como al dormir, flotando en los vientres del Sueño, el rumbo, el final, habían cambiado bruscamente por capricho de Alea, eran inmensamente escasas. Dormidos a la mitad, tan cerca y tan lejos de descansar en paz, frunciendo seños, formando sonrisas, asfixiándose a efecto retardado es su apilación horizontal, son llevados a un lugar que reconocen como el mismo, pero que no podría estar más lejos de serlo.
Las ofrendas de todos los alabastrones presentes se alzan hacía los ventiladores negros.. El sonido generado por el vórtice es solamente audible cuando el metro se paraliza en miedo, junto con todos adentro. Buscan quedarse callados, el más mínimo sonido puede ser malinterpretado. La respiración disminuye, las lenguas paran de moverse en sus cavidades bucales, los audífonos empiezan a susurrar, aquella comezón debe de esperar . . . ¿esa luz estaba parpadeando cuando subí? La obscuridad del túnel empieza a multiplicarse, extendiendo su cuerpo en contra de las ventanas, crujiendo, vibrando . . . nadie parece notarlo, pero, pero, lo oyen, ¿no? Cada vez todo se hace más fuerte. . . . Es . . . no no, solo es el reflejo de sus audífonos en la ventana. Ja. Juré que era un rostro afuera de la ventana . . . está dentro, ¿no? ammm, no . . . algo definitivamente se acerca . . . viene de muy lejos, corriendo por el túnel, trayendolo consigo . . . si, los oigo, oigo sus dientes castañeando de hambre, deletreando mi nombre en sus estómagos. . . . Aquí vienen. . . . Un gran borrón naranja pasa hecho la Mocha por las ventanas, silbando crujiendo, cientos de siluetas difuminadas entre si derritiéndose por la velocidad en la obscuridad de su anonimato . . . nada fuera de lo usual. Mira todo pasar, suspirando en alivio. Vuelve a cerrar los ojos. Por lo menos hasta que oye el rechinido de los frenos. Cara a cara, no se atreve ni a ver los reflejos que piden un poquito de sus ojos, una mordida visual, un grito inaudible clamando por digestión cerebral . . . siente que algo se abre paso sobre el mar capilar, sale por la ventana y aterriza en el techo con un estrudendo. Lo único que puede oír es el ventilador succionando sobre al aire que exhala pesadamente. Sudor empieza a ser secretado, el calor aumenta hasta que algo sobre ella empieza a decir, un susurro encantador, un gran siseo, mientras todo yace unánime y petrificado, "Si recuerdas qué es la luz al final del túnel, ¿no?" Ella no responde. "Parece que no . . . que lástima, pensé que lo recordabas." Trata de alertar alguien, pero todo está hecho piedra, incluso ella, de la cabeza para abajo, su miedo y eso lo único con aparente permiso de moverse. "Aura, Aura . . . la luz al final del túnel es otro tren . . . la luz al final del túnel—" Por fin logra alzar la cabezs, sumida en miedo, sudor y desesperación, en el momento exacto para ver cómo el ventilador ya no está girando, y entre la rejilla desciende rápido como la Miseria, "—s o y y o."
Al fondo del vagón, visibles a través de un infrecuente valle de espaldas, dos hombres se saludan con los puños, uno de ellos silbando la melodía de Mi destino fue quererte. Sin soltarse, el otro, vestido de azul, mangas arrugadas y recogidas hasta el codo, revelando un reloj en cada muñeca, empieza a cantar “. . . maldigo al amor.” Sus manos empiezan a bailar en el reducido espacio que tienen. Muchos empiezan a sentirse incomodos, no están acostumbrados a ver la felicidad nacer de la nada. Un muchacho empieza a sonreír con ellos mientras que en los altavoces se les da los buenos días a todos con información sobre la estación que se aproxima. Sí, sí, nunca debes de olvidar sonreír. . . . Parece que él pensaba lo mismo hasta que entre gritos inesperados, Aura despierta del trance y logra ver en su cara una mueca para que la tierra se lo tragase, tirando la pequeña sonrisa que había logrado extraer de su interior al aire, el ventilador succionándola . . . pero la tierra ya se los había tragado a todos: el roce de su pene contra las nalgas de un señor habían despertado las fantasías reprimidas de su juventud, liberando a manera de supresión insultos y movimientos para mentarle la madre:
“Para pendejo no se estudia.”
“¿Lo dice por experiencia?”
Pero el peso del Amanecer hunde su rostro y su vigilia de nuevo entre cientos de suaves pelos sintéticos, propios de su almohada—afelpada chaqueta color cobertor, modelo hombro, con olor a suavizante y perfume—dejándola salir seis estaciones después de la planeada. Su destino es la escuela, la maldita escuela.
“¿Si pasaste?”
“Si, y no gracias a ti, maldito ‘storbo,” corriendo a las escaleras, 4 pasos por cada paso de persona normal.
Ring-ring. Extraída de la cama, Alán expide una serie de bostezos indivisibles. Coloca su desnudo pie izquierdo sobre la fría gravedad, espera un segundo, y descansa el derecho sobre la rejilla del compañero delantero. Con una mano silencia la desesperada alarma, con la otra vierte tinta negra de su pluma en símbolos latinos, pigmentos diluidos formando cadenas que denotan en claro-obscuro las ideas recibidas sobre el papel adiestrado. Las lagañas que bordean sus ojos se extienden en trenzas segmentadas hasta la tenue cuadrícula azul con fondo blanco, medio centímetro cuadrado de blancura, treinta y seis por cuarenta y nueve cuadritos, más bordes—blanco como el de su pijama, procediendo a quitársela con sonambulico fervor: primero la camisa, revelando la falta de ropa interior superior, enseguida los pantalones, dejando como huella de su presencia un patrón pintado en carne viva, montañas en contracara a las presentes en el elástico que lo mantenía adherido a su cintura. Todo cayendo a la misma velocidad. Al pasar a la siguiente página, esquina superior derecha, continua cepillándose los dientes, arriba-abajo, escribiendo izquierda-derecha, palabra tras palabra, deslizando sus ya calcetados pies dentro de un cómodo calzado sucio. Primero izquierdo, cruz, orejitas, nudo iniciando por la derecha, otro nudo más, después derecho, lo mismo. Seguridad, firmeza, libertad, alas para volar hechas de nilón y algodón. Finalmente ha acabado, la clase ha terminado y todos podemos relajarnos hasta que arribe otro metro atrasado, trayendo el clima del túnel, los vientos estacionarios presentes en la obscuridad llenando las arcas del andén, aventados a treinta kilómetros por hora más su velocidad natural. Variable. Demasiado variable. Cierra los ojos, no quieres que nadie entre en ellos, no quieres que nadie vea lo que hay en ellos.
“¿Por qué siempre llegan tarde?" Y al verlas tomadas de la mano, Alán añade "—¿y juntas?”
Un par de huh's desentonados y unísonos, lagrimitas de bostezo saliendo de los ojos de Kessandra y la anillada por Insomnio mirada perdida de Aura le responden.
Se toman de las manos en la forma particular de "hermanas" recién reconciliadas. El pulgar e índice de Kessandra formando un anillo falángico que, con sus internas sombras, logra diferenciar los de otra manera indiferenciables pigmentos de sus pieles, PMS P 37-9 C, dinámico a la temperatura ambiental y corporal—la anchura y profundidad de sus pares de ojos el único punto de anclaje del que todos pueden decretarlas como amigas, en vez de familiares, diferentes constelaciones, misma obscuridad.
"¿No han visto qué hora es?" continúa Alán.
Kessandra al fin se atreve a verla—09:07—al levantar la cabeza hacia el cuadrangular reloj sobre el pizarrón. Al bajarla, la punta de su nariz despliega el panel de notificaciones del estratégicamente posicionado celular de Asán, donde antes de retroceder y levantar sus puños, vislumbra debajo de la hora atrasada por un minuto, una serie de mensajes insoportablemente falsos con una tal "Linx", que días antes, vagando por las calles que de alguna u otra manera conectan a la burbuja de existencia de la preparatoria con el mundo exterior, la había visto con él, tomados de la mano, compartiendo con bromas y risas altisonantes una orden de tacos de canasta, frijol y papa por el olor, con un helado de la nevería más cercana, fresa, uva y choco-chips, caminando a una velocidad casi lo doble que la suya hacia Tlalpan.
"Shiinga tu madre, pende—" Entre i'es y e's, burbujea a la superficie de su consciente sensorial el espacio negativo, ciento cuarenta y tres punto ocho por sesenta y nueve punto cinco por ocho punto cinco milímetros, dejado por el vacío que su celular creó en su mochila al saltar de su posesión a la de otro sin su permiso, retribución monetaria o ya de mínimo un "gracias," apagando el final de su oración mientras Aura, ahora libre, camina hacía su lugar. Una mirada registra cada uno de sus movimientos.
Caminando, suelta un suspiro. Todos creen que se trata de un lenguaje pneumático por descifrar, pero nadie se atreve preguntar. Ella misma se ha percatado de esto, por lo que de vez en cuando expira versos de Blake y Lorca en un amateur morse. Pero hoy no se trata de eso, pues al saludar al resto, se pregunta cómo es que llega todas las mañanas sin recordar el trayecto ("¿Qué onda?"), con la ligera sospecha de haber vivido ya éste día ("Hola Aury, te ves preciosa." Ay: "Gracias, bebé.") de manera exacta. ("Hola chicos.")
Al ajustarse los garabatos del pizarrón poco a poco a sus ojos, cree haber leído algo relacionado a lo escrito alguna vez, aunque la memoria visual de un "proceso subconsciente" no puede ser traída a la consciencia, y las palabras "arco reflejo" sólo le recuerden a la entrada de su hogar anterior, memorias de un domingo por la mañana. La sigue mirando.
Con el Sol alcanzando su cénit, montañas apenas visibles, rugir incesante de motores, cláxones, comercio, pasos y risas sobre los pasillos, las paredes haciéndose más chicas con el paso del día, el reducir inquebrantable de la paciencia y los niveles de atención, sobre las empolvadas losas gris penitencia y tras mucho debatir interno, una figura se alza por detrás de los bosques de queratina teñida de colores extracapilares, aproximándose a ella mientras su respiración se hace más pesada.
"¡A!—Aura . . ."
Pausa la escritura, su mirada asciende y desciende al confirmar la forma de la voz . . . y suspira de cansancio. Pero él continúa, titubeando en su nervio-sismo: "¿Cómo e-estás?"
Al recordar lo dicho por su madre, tan repentino pero esperado como un relámpago en medio de la tormenta, Aura se toma firme y bruscamente de la chaqueta blanca de Ródian, usando el impulso para levantarse unos centímetros de su asiento y decirle, en un tono desinteresado y ahogado, cerca de su oreja: "Ah. Hola, Rod."
"¿Recuerdas lo de ayer?"
"No," responde bruscamente, hundiendo los ojos en su siguiente aliento, "no recuerdo ni cómo llegué aquí hoy, mucho menos los días anteriores; ¿qué hay de ti?" Pero antes de dejarlo responder, su madre de nuevo presente, vuelve al tema: "Ammm . . . No. ¿Qué fue lo que dije ayer?"
"Bueno, me dijiste que te sentías sola y querías compa—"
"¡Ahhh! Si."
"Y . . . Y pues—"
"¿Ajá?"
"Quedamos en salir. Además, me dijiste que—"
"¿Enserio dije eso?"
"Ammm. Si."
"Ah . . ."
"—me dijiste que te recordara, porque estabas un poco ebria."
"Creo que no fue solamente un poco, Ródian."
"¿Mande?"
"No, nada . . . Demasiado."
"¿En-tonces?"
"Si, seguro. ¡Ya qué!"
Ródian, un momento sin decir nada, se convulsionaba con tan grandiosa oportunidad. Aura le despertó.
"Búscame al salir."
"Claro."
Aura, Aura, su nombre rondaba incansable en las espirales de su pensamiento. Por un lado, se generaban memorias de posibles futuros, por el otro, con considerable mayor peso, un torrente presurizado de ingeniosa envidia y excelente mentira dejaba caer frente a su tercer ojo las memorias del famoso—por lo menos para él—muro de su hermano. Una pared patronizada con lazos y clavos de los que pendía ocasio-nalmente una impresión de 10x13 centímetros de algún tiempo en el pasado, a pie de recuerdo el nombre de la acompañante en turno, y por debajo la fecha y una aproximación de las coordenadas, tomadas de Gmaps, del lugar y el tiempo donde fue extraído aquel momento. Los lazos varían en color: hay una gran cantidad de rojos, los cuales, retorciéndose en las ápsides de la pared, finalmente regresan, tras separarse en T'es y reconformarse en Y'es, hasta un circular vacío central donde pareciera que habría de colgar una fotografía que aún no había sido tomada; y azules, verdes y negros, brotando en pasajeros callejones, resaltando puntos y fotografías que Ródian no comprendía, pero que su hermano, encantado con su palacio mental exteriorizado, siempre miraba todas las mañanas, para revitalizarlo.
"Una foto de las fotos, eh."
"Así parece ser. Quizás no deberíamos de llamarles fotos, si no capturas . . . engramamos bucles de los cuales no sabemos en dónde está su origen."
"Oye, ¿y si nosotros somos el origen?"
"Mira pequeño . . . Deberías ya estar en camino, migrando hacia las regiones fronta-les, en donde con tus habilidades servirías más para lo que se lleva a cabo detrás de aquellos rangos misteriosos. Y-Y no me digas—"
"Oh, quiero intentarlo."
Sola de nuevo, nota el acre olor originado por la quema de sustancias ilícitas en la calle vecina alcanzándola tras haber envuelto a todo el salón, entrando por la lejana ventana paralela a ella. Había encantados y había asqueados. La plasta azulada leve-mente bosquejada que el Amanecer resalta siempre sus contornos de, al alzarse y transformarse en el Atardecer, ya ha desaparecido por la reducción por contamina-ción del horizonte y su lejanía según el observador. Juntos, función y límite se deslizan en el mismo plano que los anticuados pantalones obscuros del profesor. "Bienvenido 23, por favor, antes del 49. Y 16, al extremo derecho, si es tan amable." Sobre las abscisas siguen corriendo datos y líneas, mientras gira su cabeza hacia la ventana, con asco de frente, ora al pizarrón, ora a su cuaderno, mismo asco, recreando las mociones ritualistas con las que despierta cada mañana, mojando sus ojos con lágrimas que, negándose a correr expulsadas de las órbitas hacia el suelo, hacía el centro de la tierra, empiezan a flotar, haciendo todo el uso posible de su tensión superficial, frente a su visión para contaminarle la vista con atmosféricas imágenes de ella, ésta mañana, frente a su espejo, contorneada por la niebla de su Insomnio. . . . Pues un sueño no sería tan aburrido . . . ¿O sí? Pero ya ha ocurrido tanto, por tanto, que ya no se inmuta mucho . . . No, no, no es la rutina, es que la rutina ya no cuadra dentro de lo que según ella, en algún momento, pensó que la llevaría a ser feliz; la lista de Cosas que valen la Pena hace un tiempo que ya fue olvidada, tanto para agregar, como para tachar, pues ahora la dinámica de su vida funciona a partir de la búsqueda de pretextos para seguir despierta, seguir con su vida de cualquier manera . . . Recuerdos y sueños, pasado y futuro, nunca presente . . . Quizás allí esté el problema . . . Quizás. . . . Y quizás hoy mismo descubra sí, sus sospechas confirmadas, alguna vez ha despertado realmente.
A sus apagados ojos cafés llegan fumarolas expirándose en patrones circulares, llevando su mirada, con cada grado recorrido aumentando el volumen acumulado ya dentro de ella desde hace años de su desesperanza, hacia el típico cuadro en el que se la vive y regocija Alán—que en realidad es la imagen típica de cualquier semipareja que se pueda encontrar en ese lugar, en cualquier salón, en cualquier jardinera, intentos por vencer la manera en la que todo parece perder calor progresivamente, incluso dentro de los corazones de aquellos que juran amarse con todo el corazón—lo que concuerda mucho con él, pues lo único que tiene fuera de promedio es su panza y su altura, ambos sobre la norma.
Vaya.
Aura se pregunta si alguna vez podrá dejar de verla—en realidad, verlas—de esa manera. Se “aprieta” dentro de su pantalón al centrar su vista en nada más y nada menos que en una de sus tantas tontas fantasías de pobre enamorado. Chica original y despampanante. Realmente la quiere, la quiere para esto y el otro. La mezcla de sus simplezas, dadas por ser partícipes de un mismo espectro en género opuesto, le da sabor a todos sus encuentros, encuentros en cuyos rumbos se pinta la orgánica corona de una pura Necesidad de Amor. Trap y reggaetón resonando con rock y hip-hop. Las voces de vodka, tequila adulterado, las famosas y queridas aguas locas, encantan los sentidos con la mirada concentrada de erotismo de unas medias lunas en celo, un movimiento de cadera o de cabello o de ambos, tejiendo y empujando con sus atracciones y sus repulsiones la tan buscada Receta Hormonal. En crestas se dice "son sólo tuyas" y otras tantas invitaciones para iniciar el fuego, en sus valles se ven frondosos abandonos e idas-sin-despedidas, tan originales en argumentos y disculpas, como cuando Alán piensa en cómo se congela cada vez que la(s) ve y cómo se calienta cada vez que la(s) besa, mucho más si le permite(n) un par de toques—aunque no muchos, disculpa, tiene(n) novio. . . . Y piensa que todo ello lo acerca a algún día encontrar a la indicada, aunque no se dé cuenta que solamente, con cada capa de lubricante vaginal de distinta procedencia añadida sobre su cabeza, solo reduce el círculo en donde persigue su propia cola, llegando beso tras beso a un punto donde no tenga más remedio que escoger entre parar a encontrarse o tragarse a sí mismo “sin querer.”
O eso se pinta mentalmente ella, con todos los grises del pantalón de Alán y el azul mezclilla de los ajustados jeans de Linda: colores celestiales familiares de aquel día. Pues . . .
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2018.10.25 14:22 allianceMcloud La Playa Final

Me desperté, todos mis sentidos se recobraron en una fracción de segundo, me encontraba aturdido por la cantidad de información que mi cerebro estaba procesando. No había pasado mucho tiempo, pues seguía siendo de noche. La luna volvió y con ella la luz, a mi alrededor no había nadie, ni pueblerinos ni danzantes tampoco estaba ella. Me asuste y estremecido busque por todas lados un rastro, huellas, algo que me indicara hacia donde correr, hacia donde ir. Estaba desesperado, no había rastro de aquel ritual en la playa, incluso cualquier señal de la hoguera había desaparecido. Mis manos temblaban , quería llorar, la había perdido, busqué en mis pantalones por alguna pista, nada, no encontré nada, mis ojos empezaron a humedecerse cuando delante de mí a unos 50 metro vi un cigarro y a otros 50 metros la colilla de otro, ella lo había logrado, sabía que lo que alguna vez me había hecho enojar, ahora me ayudaría a encontrarla. Seguí el rastro de colillas y partes de cigarros hasta que me adentre a la maleza cercana, la luz no era suficiente para seguir viendo las colillas, tenía que buscar alguna otra opcion, pense por unos segundo y al no encontrar mejor solución, corri en la dirección que mi corazón me decía que la encontraría.
Finalmente encontré una luz amarillenta proveniente de una choza no muy distante de donde había encontrado la última colilla, tome una rama, me arme de valor y decidí bordear la choza y escuchar que pasaba dentro, ahí estaba, era su voz y la voz del anciano que mantenían una plática cuyo tema no lograba entender. Pensé en mis opciones, vi a mi alrededor, no había nadie más, solo ella, el anciano y un pobre diablo que no tenía el coraje suficiente para entrar y sacarla de ahí. Me encontraba sentado en medio de la oscuridad, pensando en todas las opciones de escape, cuando escuche mi nombre, hablaban de mí, ella gritaba que no sería capaz de hacerlo, que debía haber alguna otra solución, me asome por la ventan la vi de espaldas, ella estaba enfurecida, gritaba y movía sus brazos, seguí una conversación ella sola, fue justo ahí cuando el anciano habló pero su boca no se movió, no quitó la vista del fuego y sus palabras me helaron la sangre.
-Bienvenido de vuelta, espero hayas descansado, pasa por favor, te estábamos esperando.
Ella volteo, me vio y empezó a llorar. - ¿por qué no te quedaste en la playa? tenias que haber ido por el coche, tenías que venir a rescatarme, sacarme de aquí, te deje un camino de colillas hasta nuestras cosas. Justo termino estas palabras y mi mundo entero se vino abajo, una fuerza sobrenatural, me jalo a la cabaña y lo entendí, ella estaba ahí en contra de su voluntad.
Pude verlo todo, quise gritar, quise moverme y salir de ahí, su cara hinchada de tanto llorar, sus ojos rojos y su esperanza hecha añicos, le falle. Observe lo que estaba dentro de este lugar macabro, miembros, partes de cuerpos, manos, tórax, piernas y pies de niños, ancianos y gente que ya no era útil para los pueblerinos, se los estaban comiendo, los usaban en la comida del lugar, no era pescado lo que comimos, eran personas.
-Esta bien que te asombres, todo mundo lo hace, es necesario para adaptarte, no necesitas articular tus preguntas, aquí estamos en un espacio abierto y lo escuchó todo. Los conozco, sé lo de sus madres, se que los extrañan. Se que odia a su padre y que tu no toleras a tu hermano, Aquí no necesitan una familia, no estarán solos nunca más, no hay necesidad de seguir viajando, encontraron eso que tanto anhelaban, escuche sus súplicas y permití que entraras, a diferencia de ella tu destino no era estar aquí pero a veces puedo ser piadoso.
- Hijo de puta déjanos ir, no queremos estar aquí, son unos enfermos, malditos degenerados, comen personas, se estan comiendo niños maldita sea ¿qué clase de lugar este? ¡dios mio, dios mio, ayudame! No nos conoces, solo estas jugando con nuestra mente, yo puedo manipular lo que sabes de mi, no se como le haces pero no eres nadie… -Grite
- Puedes seguir pidiendo su ayuda, aquí él no existe, realmente el dejo de existir hace siglos. Solo estoy yo y ella y lamentablemente para ti querido amigo, te irás cuando yo lo diga. Además: - al abrir su boca esta vez, no salió su voz normal, sino la de ella, era exactamente su voz y su manera de hablar- “Bien sabes que fumo porque es un suicidio aceptado por la sociedad, cualquier idea de recompensa o gusto al cigarro es nada más que una excusa con la cual podemos hacer que la gente acepte que queremos morir y no nos critique estas acciones autodestructivas”. La conozco mejor de lo que tu la conoces, sé por qué fuma, se que la levanta en la madrugada, se que la hace gritar, que la lleva al orgasmo.
Ella empezó a retorcerse, hacer diferentes gestos y paso de gritar de agonía a un no censurado gemido de orgasmo en tan solo unos segundos, su respiración aumentaba y las lágrimas no dejaban de caer de su mejilla. Ella ya no controlaba su cuerpo y el anciano no dejaba de sonreír en todo este proceso.
- ¡Eres un malnacido, hijo de puta, dejala en paz!
Dejó de llorar, dejó de estremecerse y se compuso en tan solo un segundo, parecía que lo ocurrido nunca hubiera pasado.
-Será mejor que te calles, escuchalo maldita sea.
-Es una chica lista, ahora entiendo por que ha sido elegida. Como le mencionaba, la razón por la cual están aquí es que ustedes ,al igual que yo en mi tiempo, buscan un lugar para vivir, realmente vivir, ser libres y al mismo tiempo ser parte de una unidad. Aquí en la playa encontrarán todo lo que necesite, comida, cobijo y la naturaleza estará a tu mando- la señalo-.
- ¿Por qué ella? que tiene ella que hacer con todo esto. pregunte.
- Aunque supiera no es de tu incumbencia, tu estas aqui gracias a ella, si por mi fuera ni siquiera te permitirá estar aquí presente, como todos los demás, te comeriamos y arrojaremos al mar. Así que por tu bien, no hables que me dirigo a ella. No soy yo quien los escoge, a mí me escogieron al igual que ahora te escogieron a ti. La comida ha faltado y nuestras mujeres dejaron de ser fértiles hace ya unos años, lo supuse por el viento, lo sentí en el mar y el sol ha estado más frío, supe que mi tiempo se acercaba y que eventualmente llegaría ella.
Ella no se encontraba en shock al igual que yo, creo que la conversación que estábamos teniendo era ajena a ella y que el anciano tenía su propia conversación con ella, pues no dejaba de llorar y en vez de estar confundida, empezaba asentir al minuto. Quise sujetarle la mano, quise golpear al anciano, pero mi cuerpo dejó de ser mío, estaba encerrado en una armadura sin poder cargarla.
- Ahora a tu pregunta, sí, todos ellos eventualmente dieron su vida por el pueblo, claro los que se ofrecieron, los otros pues como tu eran forasteros, gente que entró en esta realidad sin ser invitados, gente pecadora, gente común y lamentablemente no hay cabida para más personas así que los niños forman parte de la dieta básica. Nadie se queja y todos se adaptan, para ti es canibalismo, para nosotros la fuente de la vida eterna.
No me habia fijado pero lo unico que existia en mi vista era la choza, por las ventanas había una oscuridad infinita, la luna había dejado de existir de nuevo y no podía decir a ciencia cierta cuánto tiempo llevábamos en la cabaña, estaba agotado, exhausto y la voz del anciano se adentraba cada vez más en mi mente. Ella se levantó lentamente, se dirigió a una de las paredes de la choza y tomó algo que no podía percibir bien, era una especie de mazo, uno como esos con lo que se ablanda la carne. Le sonrió al anciano y giró suavemente hacia mi, me miro, me beso la frente, caminó unos pasos hacia atrás y me sonrió; sabía que la había convencido, sabía que la voz del anciano se había mezclado con la suya, no me había dado cuenta pero nunca estuve a tiempo de salvarla, la mire, le rogué que no lo hiciera, que la amaba, que mi futuro era ella y que sin ella no hubiera ido nunca a ninguna parte, lloré como nunca lo había hecho, el amor que un dia fue mi vida ahora me la quitaria. Cerré los ojos y escuche el golpe, después silencio absoluto.
-¡Levántate maldita sea, no tenemos mucho tiempo, apresúrate que si se despierta estaremos perdidos!
-¿¡Qué has…!? Gracias mi amor.
Tome el mazo y corrimos lo más rápido que pudimos, intentamos no hacer ruido, pero no fue necesaria tanta cautela, todos los pueblerinos estaba en un trance, eran marionetas sin su titiritero, se mecían, estaban en stand by. Corrimos más rápido aún, note que las casas ahora se veían desgastadas, sin colores, destruidas por el tiempo, lo que parecía al inicio viviendas vibrantes con vida, ahora eran parte de un pueblo fantasma, vi cómo uno a uno los habitantes caían como fichas de dominó.
-¡Por fin, ahí está!- gritó señalando el coche.
- Pero, ¿Donde estan las llaves?- pregunte desesperado, mi respuesta llegó al instante vi como las saco del bolsillo trasero de su pantalón, apretó el botón y escuché la alarma del coche. Mala idea pense y su repercusión vino inmediatamente, el sol apareció en su cenit al instante cegándonos momentáneamente, las casas retomaron su color y los pueblerinos despertaron, nos vieron y corrieron hacia nosotros.
-¡Enciende el motor, rapido, no tenemos tiempo, se acercan!. grité con todas mis fuerzas.
- ¡Eso intento, maldita sea, demonios, no puedo! sus manos temblaban y no acertaba a meter la llave en el arranque. Fue ahí cuando escuche la voz del anciano, distante pero persistente.
-No hay vuelta atrás, no hay escapatoria.
Estaba desesperado, en el coche se respiraba el olor a orina y lo único que veía era a la gente rodear el auto, lo golpeaban y lo mecían. Estábamos tan cerca de ser libres, tanto que podía imaginarme regresando a casa, hablando con mi padre, buscando a mi madre, solucionando todo lo que me había hecho escapar, sería un hombre nuevo, sería alguien diferente.
- Por favor, arranca. - sollozó.
Escuchamos la marcha del auto y ella pisó a fondo atropellando a quien sea que estuviera en el camino, había sangre en el parabrisas, se había estrellado tras golpear al danzante que la noche anterior me había sujetado, lo lograríamos, saldríamos de ésta, por el retrovisor vi como los habitantes de ese pueblo maldito, se iban marchitando, se apagaban, algunos convulsionaban y caían muertos al suelo. Manejó a toda velocidad hasta la salida del pueblo y volví a respirar.
-Estuvo bastante cerca, que demonios pasa en ese lugar, tenemos que ir a la policía, tenemos que hacer algo, es… son unos caníbales, son unos animales.- le grite mientras lloraba. noté que ella no había hablado desde que tomamos la carretera.
- ¿Estás bien?- le pregunté preocupado.
- Estoy embarazada.- Me lo dijo con una voz quebrada y serena. Me miro, acarició mi mejilla y vi como lentamente una gota escapó de su ojo. Lo entendí, ella debía de ofrecer a nuestro hijo , sacrificarlo para regresarle la vida al pueblo. Su mandíbula temblaba, luchaba por decirme algo y fue justo ahí, cuando al abrir su boca, sus ojos cambiaron de color, ya no eran los bellos ojos verdes a los que estaba acostumbrado, se tornaron grises y de su pecho salieron miles de risas desesperadas, eufóricas, era la risa del anciano. La realidad me cayó como un balde de agua helada, nunca dejamos al anciano, nunca vi su cuerpo en la choza, nunca tuve tiempo de realmente verla, ella ya no estaba, ella ya no existía, su voz se había mezclado con la de los otros miles que ocupaban su cuerpo, sus ojos no tenían vida y mientras más camino recorríamos más vieja se hacía, su piel se arrugaba, se ajaba y se caía. Hasta que no pudo más, soltó el volante, grité e intenté tomar el control, pero no podía dejar de verla, era vieja, irreconocible, ya no era aquella mujer que cargaba con mi hijo. No pude estabilizar el coche y nos estrellamos.
Amanecí en el hospital, con intenso dolor de cabeza, cuando pregunte donde me encontraba, en qué ciudad estaba, la enfermera me dijo el nombre de la ciudad por donde habíamos empezado, mi ciudad, la ciudad donde antes vivía, la ciudad que quería abandonar y que según mis cuentas hace más de 10 días habíamos abandonado. Me contó que había estado involucrado en un accidente de tráfico, respire profundamente, estaba aliviado, tal vez había sido una pesadilla o una realidad creada en mi cabeza tras el choque, le pregunté a la enfermera por la mujer que me acompañaba, me miró y me respondió:
-¿Una mujer? Joven, usted viajaba solo, se volteo en la carretera a una buena distancia de aquí, a unos metros de la playa, tuvimos que transportarlo en helicóptero pues su estado era muy grave.
-No, viajaba con mi novia, estábamos cerca de la playa. Me exalte, empecé a respirar muy rapido, mi corazón se quería salir de mi pecho, ella no estaba, ella no estaba conmigo, no pude haberme imaginado todo este tiempo, intenté levantarme y entre en shock, las piernas no me responden, no podía moverlas, la respuesta era obvia, ya no tenía piernas. Grité desesperado, la enfermera pidió ayuda y un par de enfermeros entraron y me dieron un tranquilizante. Lo demás ya lo sabe oficial pues aquí estoy como usted mandó, sentado en una silla de ruedas, mientras le cuento mi historia.
-Me parece fascinante todo lo que me está contando, incluso lamento decirle que me es difícil de creer. Agradezco que me haya compartido todo esto, pero eso no resuelve mis dudas ni el misterio de su grave accidente. Lamento decirle que por lo extraño de la situación y lo importante de su testimonio sobre la desaparición de Lucía Velázquez, nos hemos dado la libertad de revisar sus cosas y en lo que quedaba de su pantalón encontramos una nota la cual decía: “Me he tomado la libertad de quedarmelas como aperitivo, no vuelvas nunca”.
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